Viaje al Cerebro desde la Neurociencia
- 5 oct 2020
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¿Sabías que si todas nuestras células nerviosas del cerebro se activaran al mismo tiempo podríamos obtener energía suficiente para encender una bombilla?
El cerebro es un órgano electroquímico, toda esa actividad eléctrica es la responsable de los distintos tipos de ondas cerebrales, una suerte de proceso complejo, fascinante y perfecto mediante el cual cada actividad, cada estado mental y pensamiento es capaz emitir un tipo de onda cerebral.
Por otro lado, es importante matizar que a lo largo del día nuestro cerebro mantiene activos los 5 tipos de ondas cerebrales. Dependiendo de lo que hagamos en cada momento, serán unas ondas las que mostrarán mayor actividad en determinadas áreas de nuestro cerebro y otras trabajarán con menor intensidad en otras zonas, pero ninguna de ellas estará, por así decirlo, "desconectada”.
Las ondas cerebrales que trabajan casi como notas musicales. Unas actúan a baja frecuencia, otras a una más elevada. Sin embargo, en conjunto son capaces de conformar una sintonía armónica donde nuestros pensamientos, emociones y sensaciones pueden alcanzar un equilibrio perfecto, ahí donde sentirnos más centrados y receptivos a todo lo que nos envuelve.
Dicho esto, ya estamos listos para iniciar el viaje a través de nuestras ondas cerebrales, ¡empecemos!

Las ondas Delta son las que tienen una mayor amplitud de onda y se relacionan con el sueño profundo (pero sin sueños). Asimismo, es interesante saber que son muy habituales en los bebés y en los niños más pequeños, de manera que a medida que nos hacemos mayores y envejecemos, tendemos a producir menos ondas de este tipo. Lo cierto es que el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo, poco a poco, con los años.
Este tipo de onda se relaciona sobre todo con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardíaco o la digestión.

El segundo de los tipos de ondas cerebrales va de los 3,5 a los 8 Hz y se relaciona sobre todo con nuestras capacidades imaginativas, con la reflexión y el sueño. Como curiosidad, cabe decir que las ondas de Theta suelen mostrar una elevada actividad cuando experimentamos emociones muy profundas.
Un ejemplo sencillo en el cual podemos ser conscientes de en qué momento este tipo de onda toma el control, es cuando terminamos de hacer un esfuerzo o una tarea que nos ha demandado mucha energía. Justo en ese instante en que nos relajamos y dejamos "volar" nuestra imaginación, las ondas Theta adquieren mayor presencia en nuestro cerebro
Un pico elevado de ondas Theta puede relacionarse con algún trastorno depresivo, falta de atención.
Los picos bajos cursan con ansiedad, estrés y baja auto-conciencia emocional.
Un nivel adecuado de ondas delta favorece la creatividad, la conexión emocional e incluso nuestra intuición.

Las Alfa surgen en ese crepúsculo intermedio donde hay calma, pero no sueño, donde hay relajación y un estado propicio para meditar. Lo podemos experimentar también cuando estamos en el sofá viendo la tele o en la cama descansando, pero sin llegar a dormirnos.
Un nivel elevado de ondas alfa nos impedirá poder centrar la atención o incluso sentirnos con muy pocas fuerzas para realizar una tarea.
Un nivel bajo cursa con ansiedad, estrés e insomnio.

Cruzamos ya el umbral de esos tipos de ondas cerebrales, de nivel bajo o moderado, para alcanzar un escalón superior. Estamos ya en ese espectro de frecuencias más altas que surgen como resultado de una actividad neuronal intensa a la vez compleja se relacionan con esas actividades cotidianas donde ponemos toda nuestra atención, cuando nos mantenemos alerta y necesitamos a su vez estar pendientes de múltiples estímulos.
Actividades tan comunes como conducir, realizar un examen, hacer una exposición, estar en una reunión de trabajo presentando un proyecto, etc., son momentos de máxima activación. Sin embargo, un exceso, una sobreactivación neuronal puede derivar en un estado de ansiedad o estrés capaz de perjudicarnos.
Un nivel bajo de ondas Beta, por su parte, nos conduciría a un estado demasiado relajado, laxo, depresivo incluso.
Un nivel óptimo de estas ondas nos ayuda a estar mucho más receptivos, enfocados a mejorar incluso nuestra capacidad para resolver problemas.

Sabemos que al escuchar la palabra “gamma" nos viene de inmediato a la mente los famosos rayos gamma, con su larga longitud de onda y su alta radiación electromagnética. Bien, en realidad las ondas y los rayos gamma solo se parecen en un aspecto: su frecuencia extremadamente rápida.
Cabe decir que los neurocientíficos están empezando a descubrir más datos sobre este tipo de onda. Resulta muy difícil captarla en los electroencefalogramas. Hablamos de un tipo de onda que se origina en el tálamo y se mueve desde la parte posterior del cerebro hacia adelante y a una velocidad increíble.
Se relaciona con tareas de un alto procesamiento cognitivo.
Tiene que ver con nuestro estilo de aprendizaje, con la capacidad de asentar información nueva y también con nuestros sentidos y percepciones.
Se sabe, por ejemplo, que las personas con problemas mentales o de aprendizaje tienden a tener una actividad en la onda gamma menor que la media.
Los estados de felicidad evidencian picos elevados en este tipo de onda.
La fase del sueño REM también suele caracterizarse por una alta actividad de este rango de frecuencias.
Para concluir nuestro viaje, conocer los diferentes tipos de ondas nos permite entender nuestros procesos mentales, nuestras emociones, actividades y dinámicas generan un tipo de "energía" en nuestro cerebro. La clave por tanto está en ser conscientes de ello, en aprender a relajarnos, en ser más receptivos, intuitivos o en favorecer, por ejemplo, ese control emocional, donde nuestra ansiedad trabaja a nuestro favor y nunca en nuestra contra.
Cuéntame, ¿qué aprendiste en este viaje?

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